Tuesday 19th June 2018,
Encuentro de Novios Barranquilla

Evangelio y Oracion en familia

Evangelio y Oracion en familia
4° Domingo del Tiempo Cuaresma

PRIMERA LECTURA 
2 Crónicas 36, 14-16. 19-23

En aquellos días, todos los sumos sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, practicando todas las abominables costumbres de los paganos, y mancharon la casa del Señor, que él se había consagrado en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, los exhortó continuamente por medio de sus mensajeros, porque sentía compasión de su pueblo y quería preservar su santuario. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus advertencias y se mofaron de sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo llegó a tal grado, que ya no hubo remedio.

Envió entonces contra ellos al rey de los caldeos. Incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos los palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. A los que escaparon de la espada, los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos, hasta que el reino pasó al dominio de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías: Hasta que el país haya pagado sus sábados perdidos, descansará de la desolación, hasta que se cumplan setenta años.

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de las palabras que habló el Señor por boca de Jeremías, el Señor inspiró a Ciro, rey de los persas, el cual mandó proclamar de palabra y por escrito en todo su reino, lo siguiente: «Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha mandado que le edifique una casa en Jerusalén de Judá.

En consecuencia, todo aquel que pertenezca a este pueblo, que parta hacia allá, y que su Dios lo acompañe».

Salmo
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos
a llorar de nostalgia;
de los sauces que estaban en la orilla
colgamos nuestras arpas.
R.
Aquellos que cautivos nos tenían
pidieron que cantáramos.
Decían los opresores:
«Algún cantar de Sión, alegres, cántennos».
R.
Pero, ¿cómo podríamos cantar
un himno al Señor en tierra extraña?
¡Que la mano derecha se me seque,
si de ti, Jerusalén, yo me olvidara!
R.
¡Que se me pegue al paladar la lengua,
Jerusalén, si no te recordara,
o si, fuera de ti,
alguna otra alegría yo buscara!
R. 

SEGUNDA LECTURA
Efesios 2, 4-10
Hermanos: La misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y él nos dio la vida con Cristo, y en Cristo. Por pura generosidad suya hemos sido salvados. Con Cristo y en Cristo nos ha resucitado y con él nos ha reservado un sitio en el cielo. Así, en todos los tiempos, Dios muestra, por medio de Jesús, la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros.

En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia mediante la fe. Y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios; tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Porque somos hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesús, para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos.

EVANGELIO
Juan 3, 14-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él, no será condenado; pero el que no cree, ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquél que hace el mal aborrece la luz, y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».


ORACIÓN EN FAMILIA

Sacerdote: En el camino a la Pascua, en medio del tiempo penitencial nos encontramos con el “domingo de la alegría” que nos invita a considerar el camino de la cruz como el camino que nos lleva a la verdadera vida. Por eso hoy oramos  con fe diciendo:

TODOS: SEÑOR, AYUDANOS A MORIR CONTIGO PARA TENER LA VIDA EN ABUNDANCIA.

Papá: Te pedimos, Señor, por tu siervo el Papa Francisco para que continúe siendo un instrumento de tu amor y misericordia en todo el mundo.

TODOS: Guía su corazón con la luz de tu Espíritu para que, a semejanza de tus profetas, comunique con sus gestos y palabras el mensaje de perdón que tienes para el mundo.

SEÑOR, AYUDANOS A MORIR CONTIGO PARA TENER LA VIDA EN ABUNDANCIA.

Mamá: Te pedimos, Señor, que toda nuestra familia vuelva sus ojos hacia ti.

TODOS: Mueve el corazón de cada uno de los miembros de nuestra familia y ayúdanos a caminar con alegría hacia ti, fuente de perdón y de amor.

SEÑOR, AYUDANOS A MORIR CONTIGO PARA TENER LA VIDA EN ABUNDANCIA.

Hijo(a): Te pedimos hoy, muy especialmente, por todos aquellos que piensan que su pecado es más grande que tu misericordia.

TODOS: Infunde en ellos tu paz y hazles comprender cuánto amor tienes, hasta el punto de morir por ellos.

SEÑOR, AYUDANOS A MORIR CONTIGO PARA TENER LA VIDA EN ABUNDANCIA.

Hijo(a): Señor, danos la alegría de poder obedecer tu Palabra.

TODOS: Que podamos ver en ello el camino hacia una vida más plena.

SEÑOR, AYUDANOS A MORIR CONTIGO PARA TENER LA VIDA EN ABUNDANCIA.

Hijo(a): Te pedimos por los jóvenes que están más apartados de ti; por los que no te conocen; por los que no te aman; por los que te ignoran.

TODOS: Haznos un instrumento de tu amor y de tu perdón para que vuelvan a ti y puedan ser felices.

SEÑOR, AYUDANOS A MORIR CONTIGO PARA TENER LA VIDA EN ABUNDANCIA.

Sacerdote: Escucha, Padre Santo, todas estas súplicas, y concédenos la fuerza del Espíritu Santo para que todas nuestras prácticas cuaresmales nos ayuden a conocerte y amarte más. Por Cristo nuestro Señor.

TODOS:  Amén.

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