Sunday 18th November 2018,
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El Evangelio. Jueves 13 de Septiembre de 2018

El Evangelio.  Jueves 13 de Septiembre de 2018

XXIII Ordinario, Ciclo B, Año Par, Memoria: San Juan Crisóstomo, Lit. de las Horas: Tomo IV, III Semana del Salterio, Salmo 138

Primera Lectura
1 Corintios 8, 1-13 

Queridos hermanos: Ya sé que todos ustedes conocen lo que está permitido con respecto a la carne inmolada a los ídolos. Pero, ¡cuidado!, porque el puro hecho de conocer, llena de soberbia; el amor, en cambio, hace el bien. Y si alguno piensa que ese conocimiento le basta, no tiene idea de lo que es el verdadero conocimiento. Pero aquel que ama a Dios, es verdaderamente conocido por Dios.

Ahora bien, con respecto a comer la carne ofrecida a los ídolos, sabemos que un ídolo no representa nada real y que no hay más que un solo Dios. Pues, aun cuando se hable de dioses del cielo y de la tierra, como si hubiera muchos dioses y muchos señores, sin embargo, para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y es nuestro destino, y un solo Señor Jesucristo, por quien existen todas las cosas y por el cual también nosotros existimos.

Mas no todos saben esto. Pues algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, siguen comiendo la carne como si estuviera consagrada a los ídolos, y puesto que su conciencia está poco formada, pecan. No es, ciertamente, la comida lo que nos hará agradables a Dios, ni vamos a ser mejores o peores por comer o no comer. Pero tengan cuidado de que esa libertad de ustedes no sea ocasión de pecado para los que tienen la conciencia poco formada. Porque si a ti, que sabes estas cosas, te ve alguien sentado a la mesa en un templo de los ídolos, ¿no se creerá autorizado por su conciencia, que está poco formada, a comer de lo sacrificado a los ídolos?

Entonces, por culpa de tu conocimiento haces que se pierda el hermano que tiene la conciencia poco formanda, por quien murió Cristo. De esta manera, al pecar ustedes contra sus hermanos, haciendo daño a su conciencia poco formada, pecan contra Cristo. Por tanto, si un alimento le es ocasión de pecado a mi hermano, nunca comeré carne para no darle ocasión de pecado.


Meditatio
En este pasaje san Pablo nos destaca la importancia que tiene, para la salvación de los demás y la nuestra propia, el buen testimonio. No podemos, por tanto, decir: “Esta es mi vida y yo hago con ella lo que me parece”.

Hemos sido bautizados y la mayoría de la gente nos reconoce como cristianos, por ello nuestro mal testimonio hace caer en pecado a muchos de nuestros hermanos que, teniendo una conciencia mal formada y viendo nuestro mal ejemplo, se sienten invitados a imitarnos, pensando que tal o cual cosa, si la hace mi hermano, que como yo es cristiano, “no ha de estar tan mal”. No es raro encontrarnos con cristianos que se emborrachan, que frecuentan lugares poco o nada cristianos, que maltratan a los hermanos e incluso a la misma familia, que no van a misa.

Por culpa de estos hermanos, muchos otros (principalmente los hijos o hermanos) se sienten autorizados a hacer lo mismo pensando que esto no “está tan mal”, incluso lo justifican tanto que algunos hasta se sienten con libertad para el domingo recibir la comunión. Con este ejemplo no sólo se induce al hermano a pecar, sino que este pecado de mi hermano, tiene también consecuencias en mi vida espiritual ya que de alguna manera yo contribuí a éste. Hermanos, si somos cristianos debemos portarnos como tales.


Oratio
No permitas, Dios mío, que en algún momento sea piedra de tropiezo para alguien. Ayúdame a que tu luz brille en mí y enséñame a sacrificarme por aquellos que son más débiles en la fe. Señor, lléname de amor por las almas, de tal modo que pueda donar mi vida para que sea testimonio veraz de tu presencia, en este mundo, en todo momento.

Operatio
Hoy conversaré con alguien que apenas vaya iniciando su camino de fe y lo estimularé honrando cualquier esfuerzo que haya hecho hasta ahora. 

El Evangelio de hoy
Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.

Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados; den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.


Reflexión
El cristiano es en definitiva una persona distinta a las demás. Sus criterios no van muy de acuerdo con los del mundo pues ha adoptado la “ilógica” manera de pensar de su Maestro. Lo más extraño de todo es que, a pesar de lo ilógica que parece la enseñanza de Jesús, es la única que nos garantiza la verdadera felicidad. Y es que, quien sigue de cerca a Jesús, aprende a dar y no sólo a recibir; a perdonar, a pesar de ser ofendido; a amar cuando solo se recibe ingratitud.

Curiosamente quien obra así, experimenta una gran alegría, y sobre todo, una profunda paz; sin embargo, todo esto solo pude ser conocido y vivido desde adentro. Es decir, es necesario, por un lado buscar vivir de acuerdo al Evangelio, pero por el otro, y quizás más importante, permitirle al Espíritu Santo conducir nuestra vida. Seamos hombres y mujeres diferentes, auténticos seguidores del Maestro, y mostrémosle al mundo que en lo “ilógico” del Evangelio está la felicidad.


Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro

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