Wednesday 19th September 2018,
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El Evangelio. Miércoles 12 de Septiembre de 2018

El Evangelio. Miércoles 12 de Septiembre de 2018

XXIII Ordinario, Ciclo B, Año Par, Memoria: Santísimo nombre de María, Lit. de las Horas: Tomo IV, III Semana del Salterio, Salmo 44

Primera Lectura
1 Corintios 7, 25-31 

Queridos hermanos: En cuanto a los jóvenes no casados, no he recibido ningún mandamiento del Señor; pero les voy a dar un consejo, pues por la misericordia del Señor, soy digno de confianza.

Yo opino que, en vista de las dificultades de esta vida, lo que conviene es que cada uno se quede como está. ¿Estás casado? No te separes de tu esposa. ¿Eres soltero? No te cases; pero si te casas, no haces mal, y si una joven se casa, tampoco hace mal. Sin embargo, los que se casan sufren en esta vida muchas tribulaciones, que yo quisiera evitarles.

Hermanos, les quiero decir una cosa: la vida es corta. Por tanto, conviene que los casados vivan como si no lo estuvieran; los que sufren, como si no sufrieran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no compraran; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran de él; porque este mundo que vemos es pasajero.


Meditatio
En este capítulo, el apóstol afronta el problema de la relatividad de todas las cosas con respecto al Reino. Si bien en su contexto, la llegada del Reino se presenta inminente, nosotros no podemos suponer que el Reino no llegará jamás (y nos referimos al Reino Escatológico, al final de los tiempos).

Cuando el hombre se hace consciente de su TRANSITORIEDAD, de que nada es para siempre, que todo es pasajero, que lo único que permanece es Dios, la vida se ve desde otra perspectiva. Por ello, san Pablo invita a sus oyentes a ponderar por sobre todas las cosas el Reino, como ya lo había dicho Jesús: “Busca primero el reino y todo lo demás se te dará por añadidura”.

Es bueno estar soltero como lo es estar casado, es bueno tener como no tener, al final todos gozaremos de la misma condición, pues en el cielo no hay esposo, ni esposa, ni ricos, ni pobres, ni solteros, ni casados. Quien verdaderamente se deja conducir por el Espíritu sabe disfrutar y gozar en la vocación a la que el Señor lo ha llamado.


Oratio
Señor, quiero pasar la vida eterna en tu presencia, alabando y bendiciendo tu Nombre. Pero además quiero vivir mi paso por este mundo disfrutando de tu amistad y amor, siéndote fiel y anunciando tu verdad.

Operatio
Hoy agradeceré a Dios, todo el día, por el estado de vida que estoy viviendo. Y si estoy soltero le expresaré mi amor a Dios, y si estoy casado le expresaré a mi cónyuge lo agradecido que estoy por compartir mi vida con él o ella. 
El Evangelio de hoy
Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, mirando Jesús a sus discípulos, les dijo:
“Dichosos ustedes los pobres,
porque de ustedes es el Reino de Dios.
Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre,
porque serán saciados.
Dichosos ustedes los que lloran ahora,
porque al fin reirán.

Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.

Pero, ¡ay de ustedes, los ricos,
porque ya tienen ahora su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora,
porque después tendrán hambre!
¡Ay de ustedes, los que ríen ahora,
porque llorarán de pena!
¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe,
porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!”


Reflexión
San Lucas resume en este apartado de su evangelio el sermón de las bienaventuranzas. Es importante darnos cuenta que los criterios de Jesús son diametralmente opuestos a los que ordinariamente tiene el mundo. Sólo por poner un ejemplo: el hombre de hoy quiere estar siempre satisfecho, pasársela bien, y piensa que en esto está su felicidad.

La experiencia nos dice que esta saciedad nunca se da, incluso que, en la medida que más tiene, que mejor se la pasa, cada vez se siente más vacío. Conocí a un hombre tan miserable, pero tan miserable, que lo único que tenía era dinero. Sólo cuando el hombre tiene hambre de lo infinito es cuando puede ser verdaderamente saciado. Revisemos hoy nuestros valores. ¿En cuál de las categorías que nos propone Jesús estamos?


Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro

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