Sunday 18th November 2018,
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El Evangelio de Hoy Lunes 9 de Julio de 2018

El Evangelio de Hoy Lunes 9 de Julio de 2018
XIV Ordinario, Ciclo B, Año Par, Memoria: Santos Agustín Zhao Rong y compañeros, Lit. de las Horas: Tomo III, II Semana del Salterio, Salmo 144

Primera Lectura
Oseas 2, 16. 17-18. 21-22 

Esto dice el Señor:
“Yo conduciré a Israel, mi esposa infiel, al desierto
y le hablaré al corazón.
Ella me responderá allá,
como cuando era joven,
como el día en que salió de Egipto.
Aquel día, palabra del Señor,
ella me llamará ‘Esposo mío’,
y no me volverá a decir ‘Baal mío'”.

Israel, yo te desposaré conmigo para siempre.
Nos uniremos en la justicia y la rectitud,
en el amor constante y la ternura;
yo te desposaré en la fidelidad
y entonces tú conocerás al Señor”.


Meditatio
De repente, cuando escuchamos los textos del AT parecería presentarnos a un Dios diferente al que nos presentó Jesús en el Evangelio, pero no, es el mismo Dios misericordioso que se presenta en este texto de Oseas como un esposo celoso que ama con todo su corazón a su esposa y que por ello mismo no se da por vencido, y aun cuando ésta se ha desviado del amor, la “llevaré al desierto para seducirla”, para hablarle de nuevo de amor.

Este es nuestro amoroso Dios que, a pesar de todas nuestras infidelidades, de todos nuestros pecados, nos ama hasta el punto de enviarnos a su propio Hijo para que, a través de Él, tengamos vida y la tengamos en abundancia; para que podamos establecer una relación de amor y confianza con el Dios todopoderoso que nos ha desposado y nos tiene preparada una casa maravillosa en la cual pasaremos con Él toda la eternidad.

No nos hagamos los remolones y dejémonos seducir por el tierno amor de nuestro Dios. Busquémoslo en la aurora de cada mañana y suspiremos por Él a lo largo de todo el día, para en sus amorosas manos descansar por la noche. De una cosa estoy convencido, nada hará que nos deje de amar y de conducirnos hacia sí.


Oratio
Señor Dios, Padre de bondad, tú que has querido manifestarnos tu amor como el de un padre por su hijo, o de un esposo por su amada, te pedimos que nos ayudes a responderte con el mismo amor con que nos amas y, que ese amor, nos haga ser respetuosos con nuestros hermanos y solidarios con quienes sufren, para que merezcamos vivir contigo eternamente en el cielo.

Operatio
Dedicaré al menos una acción concreta para mostrar mi amor de hermano a quienes sufren o tienen necesidad de ser aceptados y respetados. 

El Evangelio de hoy
Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir”.

Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: “Con sólo tocar su manto, me curaré”. Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: “Hija, ten confianza; tu fe te ha curado”. Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.

Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: “Retírense de aquí. La niña no está muerta; está dormida”. Y todos se burlaban de él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.


Reflexión
La carta a los Hebreos dice: “Jesucristo es el mismo de ayer, de hoy y por siempre”. Sin embargo, nuestro mundo tecnificado y lleno de agitación y de autosuficiencia, nos ha llevado a crear una imagen reducida del Señor.

El evangelio de hoy, con dos pasajes en los cuales Jesús, por medio de dos grandes milagros, nos muestra, no solo su poder sino su identidad como Hijo de Dios, como verdadero Dios, debía llevarnos de nuevo a reflexionar en la imagen que tenemos sobre Jesús. Muchas veces pensamos que trabajamos solos, que debemos resolver todos nuestros problemas solos, que debemos recurrir a Jesús sólo cuando las cosas han llegado a tal grado que no podemos más (enfermedad, crisis económica). Sin embargo, Jesús nos acompaña con su poder y su amor a lo largo de todo nuestro día.

Él es capaz de cambiar el rumbo de nuestra actividad y de toda nuestra vida, es Dios, es el Emmanuel, el “Dios con nosotros”. El elemento común en estos dos episodios es la fe: tanto el jefe de la sinagoga, como la mujer con el flujo de sangre, fueron capaces de reconocer en Jesús, al verdadero Dios, al Dios que cambia la historia y la lleva a la plenitud. Dejemos que Jesús tome el control de nuestra vida cotidiana; nos SORPRENDEREMOS de ver el poder de Dios todos los días.


Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro

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